¿Qué hace falta para una nueva normalidad en las PyMEs?

Por Ariel Coremberg, economista asesor de MoPyME

La política económica argentina, antes y durante la cuarentena, se ha caracterizado por una suma de parches, medidas inconexas, falta de coordinación y de enfoque integral para abordar los graves problemas macroeconómicos que Argentina no logra resolver en las últimas décadas.

Las PyMEs venían sobreviviendo una economía pre-cuarentena sin crédito, sin intermediación financiera para la producción, presión impositiva máxima y regulaciones que impiden el ejercicio pleno de su actividad productiva.
La razón de esta supervivencia y resiliencia es que el emprendedor PyME encara su actividad con un sesgo familiar y asociativo que en cada crisis se traduce en disponer de sus ahorros personales y familiares para que su empresa continúe en actividad.

Pero… El sesgo idiosincrático de continuar en la actividad productiva puede no resistir la tentación de abandonar la actividad empresarial.

Al empresario le conviene ser asalariado y al asalariado le conviene la informalidad y al informal le conviene el plan social. La cuarentena económica ha acelerado esta tendencia.

Hasta el presente, la mitigación de los efectos de la cuarentena sobre la actividad productiva ha sido modesta por no decir nula ante una proyección para este año de caída de actividad económica similar o mayor que la de la crisis del año 2002.

En efecto, tanto los ATP como los créditos a tasa cero no han llegado en volumen, tiempo y forma a todo el tejido productivo y han sido utilizados apenas para solventar parte de los ingresos salariales caídos.

La facturación de las pymes es tan baja que no llegan a cubrir los costos fijos, no pudiendo afrontar el pago de tarifas de servicios públicos, alquileres, expensas y, sobre todo, mayores impuestos como si la actividad continuará en niveles pre-cuarentena. De continuar el cierre formal de la actividad económica, las quiebras del sector PyME serán aún más generalizadas.

El enfoque del ATP ha sido hasta ahora el de solventar el costo laboral. Pero a la hora de retomar a pleno la actividad productiva, las PyMEs se encontrarán con la realidad de un importante endeudamiento en impuestos, tarifas, proveedores, alquileres y juicios laborales. Estas deudas serán imposibles de refinanciar dado que el aumento de las tasas de interés para impedir que el ahorrista se vaya a dólares será una tendencia mientras persista la falta de credibilidad y reputación en la política económica.

Una vez que se retome la actividad económica, las PyMEs necesitaran urgentemente financiar capital de trabajo y recibir apoyo para retomar relación con proveedores y renegociar alquileres con mayor poder de negociación.

La tendencia de ajuste fiscal en contra del sector productivo y no del gasto político improductivo es clara. Hasta ahora el Estado Argentino en sus tres niveles: nacional, provincial y municipal no ha reducido un solo impuesto en forma permanente. Únicamente diferimientos, moratorias, alguna reducción transitoria de ABL han sido medidas tímidas y tardías.

AFIP ha subido la tasa de interés de los punitorios, los regímenes de retención como el SIRCREB siguen funcionando reteniendo impuestos sobre los costos de las PyMES obligadas a no facturar, así como también sendos municipios han aumentado las tasas a sectores esenciales como si estos sectores no dependieran de la demanda de los sectores que han sido obligados al “lockdown”.

Proyectos tales como la no indexación por inflación de los balances que implicaría que las PyMEs paguen impuestos a las ganancias sobre las pérdidas o el impuesto a la riqueza que caza nuevamente sobre el zoológico de contribuyentes de clase media, muchos de ellos PyMEs.

Mientras, las PyMEs argentas esperan sin poder de lobby que se reduzca en forma permanente la presión fiscal que no les permite ampliar su escala productiva, mejorar la productividad mediante innovaciones tecnológicas e insertarse en el comercio internacional.

Diversos países de América Latina han diferido o reducido temporalmente impuestos e incluso han recurrido al crédito internacional a bajas tasas de interés, para aliviar a las PyMEs e incentivar la demanda a la salida de la cuarentena. A modo de ejemplo, Perú ha emitido deuda pública externa para canalizar créditos al sector productivo con tasas de interés de solo el 2.5% anual promedio.

Chile ha dispuesto, con el fin declarado de incentivar la supervivencia del sector PyME, la postergación del pago del IVA para el próximo trimestre a ser devuelto a un año sin interés. Uruguay emitió deuda soberana para financiar la ayuda a empresas y hogares en moneda nacional indexada a solo el 3.10% anual.

Diversos países de Europa han anunciado reducciones impositivas para incentivar el consumo. Por ejemplo, Alemania ha reducido el IVA del 19% al 16%. Reino Unido ha reducido el IVA al turismo y la hostelería desde 20% hasta el 5%.

La austeridad fiscal y el ahorro en tiempos de bonanza pagas en términos de mitigación efectiva de las consecuencias económicas del COVID.

A diferencia del resto de la región, nuestro país no puede darse el lujo de financiar la ayuda a los hogares y al sector productivo con deuda pública a bajas tasas de interés. Como consecuencia de no haber ahorrado en tiempos de vacas gordas, los ATP e IFE se están pagando con emisión monetaria.

El impacto pleno de la emisión sobre la inflación se demora mediante Leliqs y alzas de tasas de interés para evitar, débilmente, que el ahorro precautorio ante la incertidumbre de la duración de la cuarentena vaya al dólar blue. Pero el alza de tasas de interés y el racionamiento del crédito por la incertidumbre golpea sobre la posibilidad de reconstituir capital de trabajo de las PyMEs, contrayendo aún más la actividad productiva.

La nueva normalidad para las PyMEs debería ser no volver a la normalidad de una macroeconomía caótica e inflacionaria que no les permite crecer. No hay macroeconomía sin PyMEs. No hay futuro para las pymes sin macroeconomía.

La única nueva normalidad realizable para el futuro de las PyMEs es que vuelvan a la actividad productiva reduciendo la presión impositiva en forma permanente, bajando el gasto improductivo mediante un Estado eficiente que brinde los servicios públicos, educación y salud que el sector productivo y los hogares necesitan.

https://www.clarin.com/opinion/-hace-falta-nueva-normalidad-pymes-_0__6xtKqRpv.html

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