Sector en crisis Tango bajo fondo: el baile marca país sufre por el coronavirus y el aislamiento

Las tanguerías y las milongas están cerradas. Y los artistas, parados. Reconocen que hasta que no vuelvan los turistas, el rubro no se va a reactivar. Piden apoyo del Estado y los bancos.

El salón vacío. La pista desierta. El abrazo deshecho. El silencio.

Uno de los sectores que más siente el golpe de la pandemia de coronavirus, y probablemente a uno de los que más le cueste recuperarse, al menos en el mediano plazo, es el del tango. Patrimonio de la Humanidad, símbolo de Buenos Aires, marca país con la que Argentina se vende en el exterior, el tango es un modo de vida —no sólo económicamente hablando—. Y está en pausa, suspendido en esta eterna cuarentena​, sin un horizonte certero.

Lo sufren las milongas y lo sufren las tanguerías, donde prácticamente la totalidad de su clientela son los turistas que quedaron del otro lado de la frontera. Y lo sufren los tangueros. “Para mí, el tango se terminó”, dice Julio Duplaá. El padre de la actriz Nancy Duplaá es profesor de tango, y lo enseñó por el mundo. Dupláa pronuncia esa sentencia de muerte, y lo más extraño es que en su voz no se nota tristeza. Tiene 83 años, vive con su mujer y cada tanto ambos despuntan el vicio de bailar en la terraza de su casa.

El escenario vacío. Madero Tango, una de las tanguerías de Puerto Madero que debió cerrar por el aislamiento. (Juano Tesone)

“No sabemos cuánto va durar esta maldita enfermedad. Para mí, parar por un año es mucho tiempo. Ojo, quizá descubran una vacuna antes y zafemos. Pero si la descubren los yanquis antes la van querer cobrar. Y si eso pasa, estamos jodidos», comenta riendo. Y vuelve a ponerse serio: «El problema es que el tango es un abrazo. Y en una milonga se podrían contagiar todos”.

El Café de los Angelitos, vacío. En Buenos Aires, una docena de casas de tango están siendo golpeadas por la crisis. (Juano Tesone)

El Café de los Angelitos, vacío. En Buenos Aires, una docena de casas de tango están siendo golpeadas por la crisis. (Juano Tesone)

El 10 de marzo, dos días antes de que la Ciudad fijara en 200 personas el tope de concurrencia a los eventos, los milongueros fueron pioneros en el aislamiento preventivo: hicieron una asamblea y decidieron suspender conciertos, bailes y clases. Casi al mismo tiempo, la otra pata que constituye el negocio del tango en la Ciudad empezó a acusar recibo del impacto: la caída del turismo por el coronavirus ya estaba impactando directamente en las tanguerías, que debieron cerrar cuando se estableció la cuarentena y tampoco saben cuándo van a poder volver a abrir.Mirá tambiénHoracio Godoy y cómo sostener La Viruta, la gran milonga porteña

“Más del 90% de nuestro público son turistas extranjeros”, calcula Antonio Ruiz, dueño de las casas de tango Rojo Tango —en el Hotel Faena— y Café de los Angelitos. En la Ciudad hay una docena de espectáculos que “hace tres décadas el turismo viene a ver. Hay gente que repite y va a ver distintos shows. O a lo mejor tenés turistas que vinieron cuatro o cinco veces a Buenos Aires y fueron a ver una y otra vez el mismo. El tango respira en Buenos Aires, y el que viene a Buenos Aires, va a ver tango”.

A diferencia de las milongas, donde también va el público internacional pero allí taconean los locales, en las tanguerías son principalmente brasileños los espectadores, seguidos de estadounidenses y europeos, reflejando el mapa turista de la Ciudad. O, al menos, el mapa turista hasta que explotó la pandemia.

Tanguerías Porteñas


“Los que estábamos en el turismo receptivo veníamos estando en una burbuja dentro de una economía que estaba mal. No reconocer eso sería una injusticia y una ceguera. Nos permitía un poco de espalda para llevar el primer tramo de la cuarentena dentro de lo razonablemente posible. Pero si uno piensa en un horizonte en el que a lo mejor recién en un año pueda haber una curva de normalidad de ventas que se parezcan a las que teníamos previamente, ahí no hay ahorro que pueda soportar. Cuando se produce un frenazo tan a cero en 24 horas, salimos todos por el parabrisas porque no hay cinturón de seguridad que te pueda contener”, grafica con una metáfora Christian Caram, dueño de Madero Tango.

Las mesas apiladas en Madero Tango. En las tanguerías, el 90% del público son extranjeros. (Juano Tesone)

Las mesas apiladas en Madero Tango. En las tanguerías, el 90% del público son extranjeros. (Juano Tesone)

Con él coinciden otros empresarios del sector: se hace muy difícil resistir tantos meses cerrados. Es el golpe del que ya están acusando los gastronómicos, que en las últimas semanas obligó a bajar las persianas definitivamente a varios restaurantes y bares tradicionales en la Ciudad. Los responsables de las tanguerías no quieren imaginar ese final. Dicen que van a seguir abiertos como sea porque cuando el turismo vuelva, va a volver al tango. “Confiamos en que con la garra pyme y el ADN argentino, muchos podamos no tener más problema que el recuerdo de un año horrible que nos llevó todos los ahorros”, se ilusiona Caram.

Bailar tango sin tocarse, con distanciamiento social en medio de la pandemia por coronavirus

Pero hay que transitar el hoy. Y es duro. Porque además de los emprendimientos, hay una generación de artistas en peligro. “Hay músicos manejando Uber, lo cual da una pena y un dolor infinito porque son talentos formados”, se lamenta el dueño de Madero Tango.

Coronavirus en la Argentina: ¿Adiós al baile en pareja?

Los artistas —músicos, cantantes, bailarines— tienen una modalidad de trabajo particular. En algunos casos son empleados de las casas de tango. Pero en otros, trabajan con contratos temporales o de manera autónoma. Esto ocurre porque muchos compatibilizan actuar por las noches en un show con dar clases a los turistas extranjeros que vienen al país o viajar al exterior en giras de compañías o incluso participando en actividades de promoción del Gobierno argentino en las ferias de turismo internacionales.

Todas estas posibilidades laborales, obviamente, están bloqueadas. Así, hay artistas que efectivamente están manejando autos, otros impulsando emprendimientos de cocina o de confección, algunos colaborando en el negocio de su pareja, todos rebuscándoselas como pueden.

Antonio Ruiz, en el Café de los Angelitos. Cuenta que los turistas van a ver varias veces el mismo show. Su ausencia es un golpe mortal para el negocio del tango. (Juano Tesone)

Antonio Ruiz, en el Café de los Angelitos. Cuenta que los turistas van a ver varias veces el mismo show. Su ausencia es un golpe mortal para el negocio del tango. (Juano Tesone)

Los empresarios explican que parte de los sueldos se están pagando con los ATP, pero demandan mayor ayuda estatal y también privada. Señalan, por ejemplo, los altos costos de alquiler que tienen estos locales y lo que pagan por impuestos y servicios. O que el esquema de créditos con tasas blandas no funciona porque se están endeudando hoy sin saber cuándo van a poder volver a facturar. Piden al Estado un paquete impositivo acorde y programas de apoyo específico, y también le reclaman que dé una instrucción clara al sistema financiero para que atienda a un sector que está en una crisis hoy, pero fue y volverá a ser rentable.

Desde el Ministerio de Turismo que conduce Matías Lammens​ dijeron a este diario que tienen varios planes de asistencia donde van a incluir a las tanguerías, y el más grande es uno de $ 2.800 millones, con financiamiento internacional, que están terminando de definir y que se anunciaría oficialmente en breve. En el Ministerio de Cultura porteño señalaron que las tanguerías pueden aplicar a los programas de subsidios del Fondo Metropolitano de la Cultura (con un presupuesto total de casi $ 40 millones), que se reforzó con un fondo de emergencia al igual que los programas BAMúsica y BAMilonga, que recibieron respectivamente refuerzos por $ 9,2 millones y $ 5,4 millones.

Otros tiempos. Una pareja de bailarines en El Querandí. "Tenemos que hacer todo lo posible para cruzar el río", dice el dueño de esta tanguería emblemática de San Telmo. (Martín Bonetto/Archivo)

Otros tiempos. Una pareja de bailarines en El Querandí. «Tenemos que hacer todo lo posible para cruzar el río», dice el dueño de esta tanguería emblemática de San Telmo. (Martín Bonetto/Archivo)

Claudio Campos, titular de El Querandí, cree que cuando se reabran las fronteras “la gente va a tomar conciencia de que el mundo se tiene que seguir moviendo y todas las actividades van a procurar hacerlo. Los congresos, por ejemplo, se van a volver a convocar, y como parte del agasajo a los congresistas les harán conocer parte de la cultura, como es el tango”. “No sabemos cómo serán los protocolos, porque serán dobles: de la cena y del show. Estamos dispuestos a hacer todo el esfuerzo, y con la ayuda del Estado podremos llegar. Tenemos que hacer lo posible para cruzar el río”, coincide Ruiz en un horizonte optimista cuando todo esto pase.

Y vuelve a tomar ahora la palabra Duplaá. Aunque cree que para él bailar quedará en el pasado, imagina para el tango una resistencia como la tuvo a lo largo de la historia y, por ende, un futuro: ”Cuando cayó Perón en el 55 empezaron a cerrarse los cabarets. Las orquestas se achicaron. Después empezó el rock y el Club de Clan. Luego llegó el folclore y copó todo. Yo iba a las peñas para ver si pasaban algún tango porque nunca me gustó bailar otra cosa. Por eso ahora no sé cómo va ser el fin de nuestros días. Volver a bailarlo va a tardar. Pero no creo que se termine el tango”.

“Si el bailarín no viaja, no vive”

María Campos es bailarina, cantante, y vicepresidenta de la Asociación de Bailarines de Tango. Asegura que que es muy difícil vivir exclusivamente del tango: «Algunos, ahora con la pandemia, están intentando vender clases por internet. Pero es todo muy incipiente. Es una situación muy grave la que estamos viviendo”.

«Las casas de show hasta que no regrese el turismo no van a trabajar. Tampoco el Estado va resolver el problema de todos», concede. Cuenta que algunos bailarines incluso quedaron varados afuera. «Lo más probable es que hasta el año que viene, esta nueva realidad no se modifique. El bailarín de tango si no viaja no vive”, sentencia.

En el medio de esta crisis, la bailarina María Campos está ayudando a su marido en su bar. (Lucía Merle)

En el medio de esta crisis, la bailarina María Campos está ayudando a su marido en su bar. (Lucía Merle)

«Genera mucha angustia porque no sabemos qué hacer en estos tiempos de peste. La mayoría de los bailarines somos monotributistas y tenemos una relación laboral informal con las milongas y las casas de tango. Nos estamos conteniendo entre nosotros para poder sobrellevar esta situación”, comenta.

Para afrontar la crisis, María y su marido, que es dueño de un bar, desarrollaron un negocio de venta de bebidas online, al cual, dice, no le habían «dado bola” hasta ahora. «Armé un sitio web y la estructura del delivery, de comida para llevar». Y agregó: «La estamos remando porque tenemos un montón de gente a cargo y tenemos que seguir laburando».

“Somos músicos que queremos tocar”

Camilo Ferraro es bandoneonista profesional. Desde el 93, dedica su vida a la música y es parte del staff de Madero Tango. Debido a la pandemia, tuvo que rebuscárselas. Y desde que arrancó la cuarentena obligatoria, hace algunos viajes para gente conocida. Pero dice que lo que lo salvó fue un emprendimiento de comida que activó el año pasado.

Camilo asegura que tuvo una premonición. Sabía que algo iba a pasar y por eso decidió arrancar con su proyecto. “Le dedico una parte grande de mi tiempo a cocinar. Me metí en esto y está funcionando bastante bien. No me lleva mucho tiempo y me da lo único que estoy ganando”, señala.

“El mundo del tango está complicado —dice Ferraro—. Tengo compañeros que están viviendo de sus ahorros. Hacemos un montón de cosas que no dan plata. Somos músicos que queremos tocar. Las transmisiones en vivo por streaming son algo incipiente y mínimo. No generan ingresos. Por eso estamos esperando que pase la peste. No hay otra alternativa«.

Cuenta que el primer el mes de cuarentena estuvo «muy encerrado» y no hizo mucho. «Después retomé un poco la música. Cuando tengo tiempo, toco. Cuando puedo, lo hago. También compongo y escribo”. Tiene semanas de mucha angustia y en otras, «le ponés el cuerpo en lo que hay».

«Voy generando un montón de deuda. Pero confío que de alguna forma vamos a recomponernos de esto”, señala Ferraro, aunque hoy ve lejano el regreso a la actividad: “El público del tango es un 90% brasileño”.

“El 2020 está perdido, pero no me quedo quieto”

Jorge Mendoza, bailarín y docente de tango, dejó su profesión de joyero, hace 15 años, para dedicar su vida al arte que más ama. Su vida, hasta ahora, consistía en bailar seis meses en Buenos Aires y el resto del año en el exterior. «Incluso tenía que ir a vivir a Alemania. Se nos había planteado una gira de promoción por tres meses. Todo eso quedó en trámite. No sabemos cuándo vamos poder concretarlo”, se lamenta.

Su pasado como joyero lo salvó. Explica que en «joyería trabajábamos con muchos químicos, que son venenos muy potentes. Y para protegernos utilizábamos instrumentos de protección, como barbijos y trajes».

Su pasado como joyero le abrió una puerta a Jorge Mendoza, bailarín de tango. (Juan Manuel Foglia)

Su pasado como joyero le abrió una puerta a Jorge Mendoza, bailarín de tango. (Juan Manuel Foglia)

Eso le encendió la lamparita. «Cuando se nos suspendió la gira, empecé a generar los barbijos. Teníamos un trabajo muy específico. Hasta que un médico me ve y me pide que le fabrique algunos, porque se notaba que eran algo casero, pero muy bien hechos. Los empecé hacer como una cuestión de hobbie y empecé a expandirme en cuarentena, por mail, WhatsApp, y apareció una demanda que no lo había pensado”, cuenta.

En un mes generó una entrada que no tenía prevista. Pero no se quedó en esa forma de reinventarse: “El siguiente paso son los kit quirúrgicos, de seguridad. Estoy haciendo batas para el profesional de la salud. Me armé de la nada una cartera de clientes, sanitaristas, barberos, estilistas».

Asegura que está en un lugar privilegiado, porque la pegó con su nuevo negocio. Pero al mismo tiempo se siente apenado por lo que ocurre con otros músicos y bailarines. Y con su pasión: “El 2020 está perdido para el tango. Hablo con colegas y los incentivo para que hagan otra actividad”.

Pese a que no está bailando profesionalmente, todas las mañanas estira su cuerpo 30 minutos para mantenerse en línea y no oxidarse: «Tengo un par de espejos, sigo trabajando mi rutina de baile. No me quedo quieto. A la tarde me pongo algún canal de tango. Me pongo algunos videos para seguir refrescando coreografías”.

El también ve el futuro artístico recién el próximo año, y espera poder compatibilizarlo con su nuevo negocio. «Creo que voy a poder hacer las dos cosas y volver a mi profesión del tango”, se ilusiona.

https://www.clarin.com/sociedad/tango-fondo-baile-marca-pais-sufre-coronavirus-aislamiento_0_GHuXJWbFt.html

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